OPERACIÓN RIAZA – Sábado otoñal
El sábado amaneció oscuro en el camping. El otoño en acción. En acción mutante para ser más exactos. Una extraña mutación de cosas negras salió de mi desagüe para alegrarme la vida cuando accioné el grifo de la ducha del agua caliente. ¡¡DIOX, qué ascazo!! La cañería no tragaba y encima traía invitados a desayunar. Pues íbamos a estar bien apretaditos.
Pau abrió la puerta del minúsculo baño y me encontró chorreando fuera de la ducha, apoyada en la puerta de la mampara, saltando a la pata coja y haciendo esfuerzos sobrehumanos para lavarme la pierna que me sobraba sin que su pie asociado tocase el plato. Todo esto con las manos llenas de cosas: una alcachofa de ducha, una esponja y un gel de baño tamaño familiar.
- Hum. ¿Estás jugando a la zapatilla por detrás, tris, tras? –. Le miré a través de mi flequillo goteante - No. Es que se me ha perdido el centro del equilibrio y me lo estoy buscando… ¡Joder! ¡¡Hay unas cosas asquerosas que han salido del desagüe y ahora están flotando libremente por el plato porque el agua no se va y yo me tengo que lavar los pies!!-. Él se asomó por encima de mi hombro. Miró las cosas. Miró mis pies…- Hum … ¿Y no te convendría más plastificártelos?-.
La mañana también se presentó complicada en la casita de enfrente. Fer fue el primero en levantarse. Se metió confiadamente en la ducha y tras unos minutos de feliz agua caliente… - ¡¡¡¡¡ARRRGHHHHHH!!!! ¡¡¡EL AGUA SALE HELADAAAAAA!!! -. Una vez que consiguieron descongelarle con un soplete, Fanny llamó a la recepción con la intención de que alguien les viniese a echar un vistazo a su caldera. Para ese momento las nenas se habían levantado y saltaban por encima de las camas. ¡¡Toc, toc, toc!!. Amalia, toda feliz descorrió la cortina de entrada y acto seguido pegó un chillido - ¡¡¡AAAAAAH!!! ¡¡¡MAMAAAAAÁ, HAY UN SEÑOR NEGRO EN LA PUERTAAAAA!!!
Eran las ocho de la mañana y como a las doce estábamos todos vestidos… algunos duchados y otros no. Pasamos a por nuestro record Guiness, que nos dieron con ceremonia y todo, y cuando se terminó el calor de los aplausos del público nos montamos en los coches, fuimos a por Nadia y familia, enfilamos hacia el Hayedo de la Pedrosa … y se puso a diluviar. Pero nosotros somos de ideas fijas y siguiendo la máxima de Pau - ¡¡los planes están para cumplirlos!! -, nos aventuramos en el Hayedo.
Todo era muy bucólico. El hayedo estaba precioso, con sus marrones, amarillos y rojos. Las piedras por las que subíamos mojadas y con musgo, y la lluvia arreciando en nuestras cabezas. Yo iba más tensa que las cuerdas de una guitarra tensa temiendo resbalar en las rocas. Me aseguré de que Nico iba de la mano de su padre y me agencié dos paraguas que en lugar de abrir iba clavando en el suelo y hasta que no los tenía bien seguros, no me decidía a dar el paso siguiente. En unos minutos el resto de la expedición desapareció de mi vista montaña arriba. Oía exclamar a los niños:
- ¡¡Haaalá, una seta gigante!!
- ¡¡Pues a lo mejor vive debajo un gnomo!!
- ¡¡Pues no, que en las setas viven los pitufos!! ¡¡Los gnomos viven en los troncos de los árboles!!
- ¡¡Pues te destrozo la seta, lista!!
- ¡¡¡¡Mamaaaaaá, que Nerea ha roto la setaaaaaa!!!
- ¡¡DIOX, no rompáis las setas, que como sean especies protegidas nos van a arrear un multazo!!!
- ¡¡¡Mamaaaaaaá hemos llegado al final de las piedras!!!
- ¡¿Y qué hay detrás?!
- ¡¡Otras piedras más grandes!! ¿Seguimos? ¿Podemos escalar?
- ¡¡Ni se te ocurra!!
A los pocos minutos un tropel de niños me rebasó corriendo montaña abajo. Temiendo por la integridad física de Nico me volví deprisa sobre la roca mojada en la que estaba - ¡¡Nico, dame la mano, no vayas a caerte!!!. Entonces sentí que mis suelas de goma abandonaban el suelo resbaladizo, tuve el suficiente tiempo para poner los codos antes que mi espalda … y fui a dar con mis huesos en las santas piedras todo lo larga que era. Me costó recuperar la respiración, que se sentó a mi lado observando admirada la puntería del tronco de haya que me había hecho trizas los riñones. Debía de ser el de los puñeteros gnomos que a esta hora estarían partiéndose la caja a mi costa.
- ¡¡MAMÁAAAAAAAA, LOLA CASI SE DESNUCAAAAA!!
Viendo que estábamos todos aún enteros y no queriendo tentar más a la suerte nos volvimos al pueblo a tomar el aperitivo correspondiente, al cual los adultos hincamos el diente poco o nada pues enseguida entendimos que lo que llevábamos con nosotros no eran niños, eran unas limas disfrazadas. Cuando los nenes se habían metido para el cuerpo cuatro tapas y dos raciones, nos fuimos a casa de Nadia a comernos un cordero. Desde allí llamé a la recepción del camping para que alguien se pasase a desatascarnos el desagüe de la ducha, pero me dijeron que hasta que no estuviésemos alguno en la casita, no iban a enviar a nadie.
Cuando acabamos de comer terminó también de llover, y milagrosamente, en la hora siguiente se secó bastante el firme, así que decidimos seguir adelante con nuestros planes de jugar al pádel, pero para que nos pudiesen desatascar las cañerías en el ínterin, decidimos jugar en la pista del camping. Y para allá nos fuimos todos. Saúl no quería jugar al pádel, él vigilaría a los niños mientras retozaban por ahí cual cabras, y a mí me hacía mucha más ilusión jugar que a Pau, así que decidí que sería él quien se quedaría esperando al de mantenimiento. No fue fácil vencer su resistencia…
Pau - ¿Y por qué no lo dejamos? Total, puedes lavarte a la pata coja…
Yo - ¡¡¡¡Porque hemos pagado a 40 euros la noche como para no estar a gusto!!!
Pau - Pero es que va a ser peor el remedio que la enfermedad, perder el tiempo con esto…
Yo - ¡¡¡¡Pero vamos a ver!!!! ¿O sea, que cuando tenemos un problema lo mejor es escondernos debajo de la cama, coño?
Pau - Pues bueno, pero si tarda dos horas en arreglarlo luego no me digas que no nos da tiempo a cumplir la apretadísima agenda con los planes que habéis hecho
Yo - ¡¡¿Pero cómo coño va a tardar dos horas en desatascar el desagüe?!! ¡¡A lo mejor no es tan torpe como otros arreglando radiadores…
En esto Nadia asomó la cabeza a través de la ventana - ¿Nos vamos ya? -. Y Pau con la voz más quejumbrosa que pudo encontrar dentro de su cuerpo contestó - ¡Yo es que no puedo, porque como me tengo que quedar aquíiiiii…! -. Nadia volvió a intentarlo - ¿Cuándo acabemos llevamos a los niños a un sitio de bolas? -. En ese momento Pau alcanzó registros inusitados dentro de la martiriología popular - Hum. Yo no sé si podré… porque como tengo que quedarme esperandooooo…. -. Nadia no se amilanó - ¿Cuándo acabemos nos tomamos un chocolate caliente en la cafetería del camping? -. Y se encontró con Pau a punto de firmar con los estudios Universal un contrato a cinco años - Yo no. Es que yo me quedo aquí hasta que arreglen estoooo… -. Ahí se me terminó de hinchar la vena del cuello -¡¡Joder, Pau, pues cuando acabe el negro!!-. En ese momento tocaron a la puerta ¡Toc, Toc! y se oyó decir a Nico - ¡¡¡¡MAMÁAAAAAAA, HAY UN SEÑOR NEGRO EN LA PUERTA!!!!!!! -. ¡¡¡¡DIOXXXXXX!!!!
El pádel acabó bien, nadie salió herido. Y cuando llevábamos media hora de partido, apareció Pau muy contento. El señor negro había hecho un buen trabajo. Nos tomamos el chocolate caliente y los niños disfrutaron de la piscina de bolas. A las nueve y media volvimos a casa de Nadia donde preparamos comida para unas setecientas personas que no se presentaron a cenar. Nadia sudaba con tanta gente en su cocinita, pero cuando se le pasó el ataque de ansiedad pudo disfrutar tanto como los demás. Al final todos los niños se nos quedaron dormidos distribuidos por los sitios más variopintos de la casa y hubo que anular la última de las entradas de la agenda, que se fue a acostar muy ofendida. Nadia también quedó afectada ante la eventualidad
– Jooooooo. ¡¡Pues yo quería jugar al Monopoly!!