Matrimonios in the city

Igualito que la vida misma.

OPERACIÓN RIAZA - Viernes de pasión

No había llovido en las dos semanas anteriores. Tampoco llovió durante la semana laboral. Pero fue llegar el viernes de nuestro fin de semana en Riaza y presentarse el diluvio en persona. Venía muy elegante y se sentó en el asiento del copiloto, entre la bolsa de los aguacates y la del queso cheddar. No hubo manera de convencerle para que abandonase el coche y, ya que estábamos, la meseta central a ser posible. Al final me tuve que marchar al asiento de atrás y colocarme junto a Nico haciendo a un lado las palas de pádel. Las palas me miraron con hastío y exhalaron un bufido molesto antes de acomodarse de nuevo y volver a dormirse. Nico las imitó al microsegundo. Y así comenzó nuestro viaje, diluviando y con tres palas y un niño roncando a coro.

Eran las seis de la tarde pero estaba negro como boca de lobo y el atasco nos vino a recoger a la puerta de casa. Estaba ansioso por vernos. La lluvia nos caía a saco. Después de invertir unos veinte minutos en llegar a la entrada de la M-30 vimos que estaba cortada y ésa era la razón de que el atasco hubiera venido tan amablemente a nuestro encuentro. Había un río. Y juro que por la mañana no estaba allí. El nuevo río cubría de parte a parte la carretera con una profundidad de varios codos. A su alrededor un grupo de operarios del Ayuntamiento de Madrid no hacían nada. Solo miraban con las manos en los bolsillos. No sabemos si habían mandado a alguien a que bajase buceando al fondo para poner el tapón o si estaban modificando los mapas de la región para incorporar el nuevo caudal al sistema orográfico, pero miraban el agua con una atención tal, que alguno debió de hacerse daño en el cuello. Les faltó romper a aplaudir y jalear a la corriente. A nosotros sin embargo nos faltó espacio para dar la vuelta y volvernos a casa.

¡¡Ring Ring!! Llamada de Nadia.

Nadia: ¡¡Ya estamos en Guadalix de la Sierra!! Vamos a parar y a hacer un poco de compra ¿Por dónde vais vosotros?

Yo: Está cayendo la de Diox. Estoy a veinte metros de la entrada no inundada a la M-30. Dile a Fanny que se vaya por Colmenar que esto no pinta nada bien.

Nadia: ¡¡Vale, luego te llamo!!

¡¡Ring Ring!! Llamada de Nadia.

Nadia: ¡¡Ya hemos hecho la compra y salimos a la carretera. Aquí ha empezado a llover un poco!! ¿Qué tal vais?

Yo: Hemos avanzado veinte metros. Esto es el diluvio universal.

¡¡Ring Ring!! Llamada de Nadia.

Nadia: ¡¡Hemos llegado a Riaza!! ¿Qué tal vosotros?

Yo: Hemos avanzado otros veinte metros. Aquí va a haber ahogados, te lo juro.

¡¡Ring Ring!! Llamada de Nadia.

Nadia: ¡¡Voy a ir bañando a la niña!! ¿Por dónde estáis?

Yo: Hemos avanzado otros veinte metros. Mira, no me llames más porque estoy a punto de tirar el móvil por la ventanilla. Te juro que si no lo he hecho ya es porque tengo echado el cierre de seguridad y no puedo bajar el cristal. Cuando lleguemos a Riaza te llamo yo.

Después de hacer en cerca de tres horas un trayecto que en condiciones normales nos habría llevado una hora y cuarto, llegamos a Riaza. Ya no llovía. El diluvio se había despedido de nosotros en el puerto de Somosierra. Nos agradeció la tapa de queso cheddar que se había metido entre pecho y espalda y nos dijo adiós con las orejas prometiendo pasarse a saludar a la mañana siguiente – ¿Pero por qué se molesta? – dijo Pau.

Llegamos a las nueve al camping de Riaza. Pero por la luz que disfrutábamos habrían podido ser las tres de la madrugada perfectamente. Nos dieron las llaves del bungalow 2 y unas instrucciones muy precisas de dónde se encontraba el susodicho dentro del recinto. Y allí que nos fuimos. Siguiendo fielmente las instrucciones. Tres rotondas y la tercera casita detrás de los baños. Hubiera sido de género tonto haber hecho otra cosa. Aparcamos el coche donde nos habían indicado y salimos con la llave. La introdujimos en la cerradura. Y la cerradura nos hizo un corte de mangas. La llave no abría y no se veía nada en absoluto. Eso sin quitarle méritos al frío que disfrutábamos. Pau se acercó a por la linterna que guarda en el coche y comenzó a darle cuerda.

¡¡RING RING!! ¡¡ARRRRRGGHHHH!! ¡¡DIOOOOOX, QUÉ SUSTO!! Llamada de Nadia.

Nadia: ¿Pero donde estáis? No nos van a dar de cenar en ningún sitio

Yo: Pues buscando el bungalow

Nadia: ¿Es que se os ha perdido?

Yo: Pues te va a extrañar, pero esa es la explicación más plausible hasta el momento. La llave que nos han dado no abre la casa que nos han dicho y aquí no se ve nada.

Nadia: ¿Ha llegado Fanny?

Yo: Ni idea. Pero te aseguro que por aquí no se la ve.

Pau mientras tanto iba probando una a una todas las casitas de la manzana sin éxito ninguno – Hum – dijo él apuntando la linterna a las llaves. Salía humo de su boca y se cristalizaba en el aire – Aquí hay algo raro. Porque la chica nos hablaba del bungalow número 2 y en las llaves pone clarísimamente un 7.- Ahí, dando muestras de una rapidez de pensamiento sin igual, aporté yo – Pues vamos al bungalow número 7 y probamos -. A lo que Pau respondió – Sí. Más quisieras. Las casitas no están numeradas. Esto parece una peli de terror.- Yo le miraba ir probando casitas sin éxito y se me ocurrió decir – Anda, que como haya alguien en alguna durmiendo y encima piense que le estamos allanando la morada… - Me callé a la vista de la mirada asesina que me dedicó.

Al decimoquinto intento, coincidiendo además con que yo ya estaba metida en el coche para acercarnos de nuevo a la recepción del camping, Pau dio con la casita que hacía juego con nuestra llave. Movimos el coche a la parcela adecuada, despertamos a Nico y comenzamos cada uno con nuestras tareas, Pau a descargar cosas, Nico a saltar en las camas y yo a intentar descifrar el complicadísimo algoritmo de los radiadores. No hubo manera. Tres radiadores en tres habitaciones, cada uno en una posición distinta y allí no se encendía ni un piloto ni ninguna otra señal que demostrase que había habido vida inteligente (o de cualquier otra clase) nunca jamás en alguno de ellos. Llamé a recepción y quedaron en enviarme a alguien enseguida para ayudarme.

Me metí en una de las habitaciones y comencé a deshacer las bolsas de viaje. Y de pronto oí a Pau gesticulando y gritando a la puerta de entrada separando mucho las sílabas - ¡¡ESTA… ES … NUESTRA… CASITA!! ¡¡ES… QUE… NOS… DIERON… UNA… LLAVE… EQUIVOCADA!!.

- ¿Pero qué haces? – Pregunté yendo hacia él. En la puerta de cristal se podía ver a un más que probable senegalés, tamaño armario ropero, haciendo señales a Pau para que abriese la puerta. Solo se le veían los ojos y los dientes. – Es que creo que quiere que le demos esta casita aunque la llave es la nuestra.- Me dijo. – Joder, Pau, que es el de mantenimiento, coño.

El muchacho en dos segundos nos encendió los radiadores que en realidad tenían un funcionamiento muy sencillo y bastante previsible. Yo tomé nota mental de hacerme mirar mi lerdismo porque aquello no era normal. Entonces llegó Fanny con su familia y con bastantes menos eventualidades que nosotros, desembarcaron, tomaron posesión y nos fuimos a cenar al Plaza como habíamos planeado.

Allí se nos unieron Nadia y su familia también. Todos estábamos hambrientos y los niños además bastante cansados. Pedimos la cena y Amalia, la nena mayor de Fanny, no le quitaba ojo al camarero que estaba de buen año. Luego se decidió por un acercamiento en formato pregunta mamporrera - ¿Oye, tú trabajas aquí?. – Sí, bonita – Dijo el camarero bajando la guardia. Entonces ahí aprovecho Amalia para asestar el golpe - ¿Y de cuánto estás embarazado?.- ¡¡Diox!! pensamos todos mientras Fanny roja como un tomate propinaba una buena regañina a la nena.

Con un camarero enfurruñado, varios kilos de más pues nos habíamos trasegado unas judías blancas a pachas y una niña dormida, terminamos nuestro primer día en Riaza. Habíamos cumplido al pie de la letra la agenda establecida. Aunque solo uno de los niños se había bañado. La agenda estaba bien orgullosa y nosotras también. Nos fuimos a dormir con la tranquilidad que da el deber cumplido y el cansancio de tener que aparcar fuera del camping, porque cerraban la puerta principal a las once de la noche, y llevar cargando a una niña de veinte kilos en estado semi-comatoso a lo largo de tres rotondas y media manzana. Ni una residencia de estudiantes del OPUS tiene esos horarios, coño.

RSS 2.0 | Trackback | Comment

One Response to “OPERACIÓN RIAZA - Viernes de pasión”


  1. Hola, soy Uve de http://miradasenlatadas.blogspot.com

    Y como miembro del Jurado del I CONCURSO YENODEBLOG, te informo que por formar parte y tener incluido tu resumen en Yenodeblog http://yenodeblog.blogspot.com/ participas en el Concurso.

    Las normas las encontrarás en la página del concurso http://concursoyenodeblogs.blogspot.com/

    Si tienes alguna duda, ponte en contacto con nosotros a través del foro de 20minutos Premios, quedadas y noticias
    También en la página del Concurso o a través de mi blog

    Te informo además de que en el foro de 20minutos se han creado para los bloggers unos foros-espacios para nuestro uso, consulta y disfrute.

    Cuentas también con un chat de hotmail en group338365@hotmail.com

    Saludos y mucha suerte.

Leave a Reply

XHTML: You can use these tags: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <code> <em> <i> <strike> <strong>