MARTES DE CARNAVAL
La primera semana de febrero transcurrió tranquila este año. Quizá con algo de temporal… pero en general cosas que podían ser sobrellevadas por un ser humano medio: nieve en Madrid en la hora punta, atascos de varias horas, vientos huracanados que arrancaron de cuajo carteles de una o dos toneladas sobre la M-30… lo normal y asumible. Lo que no podíamos imaginar era lo que se nos venía encima a los progenitores de los tres cursos de infantil de nuestro cole. Todo empezó a partir de la reunión de urgencia del día 9 de febrero convocada por las maestras de nuestros niños… Había llegado el carnaval y yo con estos pelos.
Para más INRI el cónclave maestril liderado por el director, había tenido un día creativo y nos exportaron sus grandes ideas para el gran evento: el tema sería El Universo por ser el año mundial de la astronomía. A mí el proyecto me pareció algo ambicioso así presentado, que se nos salía de límite, vamos. EL UNIVERSO, ahí, con mayúsculas y todo. Se me antojaba grande. Más bien inmenso. Entonces llegó el mazazo, se les había ocurrido el genial aporte a la historia de la humanidad, de que nosotros, padres y madres trabajadores, que a duras penas conciliamos vida laboral y vida familiar para obtener como resultado algo que yo no definiría exactamente como vida, tendríamos como objetivo extra para las próximas dos semanas, confeccionar el disfraz de nuestros niños, una capa negra de tela negra con estrellas doradas adornándolo de cabo a rabo y una careta de plata en forma de plátano… ¡¡¡Iremos de LUNAAAAAA!!
Yo miré al miembro del claustro de profesores que me toca en suerte y percibí un perfume a euforia desmedida. No acababa de entender la razón de su alegría. También barajé la posibilidad de proponerle cambiar el nombre de claustro de profesores por el más definitorio de aquelarre, pero simplemente expuse los crudos hechos siendo brutalmente honesta – Teresa, no sé coser. Mucho menos capas élficas. ¿No habéis podido inventar algo que pudiéramos comprar en los chinos? Joer -. Teresa me contestó llena de felicidad alienígena - ¡¡Pero si es muy fácil!! Yo tampoco sé coser. Mira, una tela negra de raso de disfraz la doblas por la mitad y le cortas un círculo que sea el cuello, y luego grapas los laterales para que no quede abierto y ya lo tienes. Las estrellas las pintáis con pintura dorada para tela.
Los padres nos miramos sin mucho convencimiento. Y yo en particular me preguntaba donde venderían pintura para telas, porque en el Ahorramás yo no la había visto. Aunque a lo mejor era que yo me fijaba poco… Es lo que tengo, cuando voy con mi lista de la compra no paro en detalles, soy como un tanque con cesta de rueditas. Más tarde en casa le expliqué a Pau el tema disfraz y fue partidario en principio de pasarle el embolado a su madre. Pero yo pensaba… ¿y qué hacemos con las estrellas doradas? El resto de la tarde lo pasé en internet buscando tiendas de disfraces con capas negras de mago que me ayudasen a salir del paso sin dejar de lado mi ya legendaria vaguería… Pau en cambio buscaba patrones de capas y me estaba comenzando a mosquear. No encontré nada que me fuese de utilidad excepto el origen de nuestro disfraz, que según pude leer había sido hecho por primera vez con bolsas de basura negras en un colegio de Asturias.
Al día siguiente por la tarde me llamó María, otra mamá del cole que además vive en mi urba – Estoy en una tienda de telas en Usera ¿quieres que te compre tela negra también a ti?-. Atiné a contestar anegada en lágrimas de agradecimiento que amenazaban con ahogarme - Sí, por Diox. Muchísimas gracias. Te pondré un altar y te adoraré en días alternos –. Tenía solucionado el tema de la tela … y tenía también bastante claro que podía hacer el agujero para el cuello con un tijeretazo sin tener en cuenta bajos ni demás zarandajas y poner cuatro automáticos en lugar de grapas. Total, era un disfraz inspirado en bolsas de basura, tampoco me iba a demandar al ministerio de Cultura. Y yo soy más grande y le podía si se ponía chulo.
Me olvidé del dichoso disfraz durante la primera semana y llegó el domingo. Solo quedaban siete días y yo tenía la tela pero ni pajolera de cómo iba a afrontar el tema estrellas doradas. Pau se llevó a Nico de paseo y al volver me dijo - ¡¡Te traigo la solución!!.
- ¿A ver?
- Bueno, te he traído una especie de rotulador dorado que en realidad es purpurina y estas estrellitas.
- Pero Pau – Dije yo probando el rotulador de purpurina en un trozo de tela negra – este rotulador es microscópico y además no empapa la tela, queda como un hilo de pomada dorada con relieve y se emborrona… Y estas estrellitas… son muy pequeñas. Las estrellas que nos enseñó Teresa eran grandes como puños. Además, tenían que ser doradas y estas estrellas tienen todos los colores del Arco Iris pero no dorado… ¿Y cómo se pegan a la tela?
- Si te fijas, son horquillas para el pelo. Podríamos pasar hilos negros por la tela y enganchar las horquillas
- Pues mira, no me parece, joer. No es eso lo que nos enseñó Teresa.
- ¡¡Bueno, bueno!! Yo doy ideas
- Sí, nos das ideas que nos apartan de la solución correcta.
Por la tarde me bajé a jugar al pádel con María, Katy y Virginia, todas madres de compañeritos de clase de Nico, todas de la urbanización, todas trabajadoras y todas menos Katy hasta las narices del traje. Mientras peloteábamos intercambiamos información. Yo me interesé por como habían afrontado el tema estrellas. María había comprado un rotulador para tela negra pero tenía la punta muy fina y no empapaba bien en la tela, después de mucho luchar había conseguido algunas estrellas presentables. Virginia optó por coger una capa de mago de su hija mayor, volverla del revés, que era negro, y pegar sobre ella gomets minúsculos en forma de estrellita dorada. Y Katy nos contó que Laura, la cuidadora de su hijo Nuno, se había ofrecido a hacer el disfraz puesto que estaba asistiendo a un curso de costura.
Cuando volví del pádel hablé con Pau – Mira, se me ha ocurrido una cosa. ¿Tenemos papel autoadhesivo para impresora?
- Sí, tenemos. Pero es para tela de algodón blanco.
- He pensado que podemos modelar estrellitas de color ocre dorado en el ordenador, imprimirlas en el papel autoadhesivo, recortarlas y luego pegarlas en la tela.
- No lo veo. Va a ser muchísimo trabajo. Mucho mejor mis horquillas.
- Hum, de todas maneras yo voy a probar a ver si funciona con este papel autoadhesivo.
- Es que no va a funcionar. No se van a ver sobre la tela…
Cogí el ordenador, el papel autoadhesivo y la impresora. La primera parte del plan salió de perlas. Pero luego había que probar con la tela. Cogí un trozo para pruebas, enchufé la plancha y comencé a darle al autoadhesivo. Nada. Allí nada cambiaba de color excepto el tinte de mis mejillas. Decidí subir la temperatura y ¡¡Oooooh, campos de soledad!! ¡¡Ooooooh, tristes collados!! la tela se desintegró literalmente al paso de la plancha, dejándome inservible tanto la susodicha plancha como su tabla asociada, con los trozos de tela casi líquida pegados a ambas superficies - ¡¡¡ARRRRRGGGGGH!!!! ¡¡¡¡¡¡Que me he cargado la plancha!!!!! – Pasé la media hora siguiente intentando revivir mi electrodoméstico malherido a base de frotarlo contra una tela de vaquero que encontré por allí. Gracias a Diox no hubo que pasar al boca a boca.
- ¿Ves como no iba a funcionar? Además, esas estrellas de impresora no brillan. Se me ha ocurrido otra cosa. Compramos una máquina de coser pequeñita y tela dorada, y cosemos las estrellas a la tela.
- ¿Pero qué dices, tarado? Eso es superdifícil y lleva mucho trabajo. Además yo no sé coser a máquina.
- Todas mis ideas te parecen mal. Al menos tengo alguna. Y encima me insultas.
- Joeeeeeer. Bueno, voy a intentar otra cosa. ¿Tenemos pegamento para tela?
- Sí.
- Vale, pues voy a recortar una estrellita sobre papel dorado de regalo y la voy a pegar a la tela para ver cómo queda.
Cogí otro trozo de tela para probar. Recorté una estrellita. Me armé con el pegamento. Puse un periódico debajo… y ¡¡Tachán!! La estrellita, el pegamento y la tela me hicieron todos a una un corte de mangas con ganas. La estrellita no se quedaba fija en el pegamento y además el dichoso pegamento caló la tela, caló el periódico y encharcó de líquido pegajoso la tarima flotante - ¡¡¡DIOXXXXXX!!! ¡¡El fucking disfraz me va a costar la casa!!.
Pau seguía buscando en Internet la máquina de coser de sus sueños – Joer, Pau, que tengo dos máquinas de coser de mi madre y no uso ninguna, coño.
- Tú déjame a mí que ya verás. Éstas seguro que son más modernas que las de tu madre.
- Sí, una revolución industrial en máquinas de coser es lo que ha habido en los últimos quince años ¡¡Si son todas iguales!! Con su aguja, su hilo, sus aritos, su pedal…
- Seguro que ya no tienen pedal
- ¡¡DIOXXXX!! … A ver. Tengo otra idea. ¿Podrías pasar mañana por el Media Markt que está al lado de tu trabajo?
- Sí que podría.
- Pues cómprame papel autoadhesivo de impresora para tela negra y preguntas si tienen un rotulador dorado para tejido. Y también podrías pasarte por el Leroy Merlín y preguntar si tienen cenefas de estrellas doradas, de ésas para adornar la habitación de los bebés. Creo que son autoadhesivas también.
- Vale. Yo me paso. Pero me parece que las cenefas no vienen con autoadhesivo.
A la mañana siguiente Pau se pasó por el Media Markt y por el Leroy Merlín y chateamos desde el trabajo:
- ¡¡Hola!! Ya he llegado de mis paseos.
- ¡¡Hola!! ¿Has comprado el papel autoadhesivo? ¿Tenían el rotu?
- Andaaaaaa, se me ha olvidado. Y en el Leroy Merlín no tenían cenefas de estrellas. Pero me he comprado una máquina de coser.
- ¿¡¿Cómo?!? Pero vamos a ver, Pau, nosotros estudiamos en la misma facultad creo recordar ¡¡Íbamos a las mismas clases!! YO NO SÉ COSER ¡¡No sé como decirlo ya!! ¡¡Que no entraba en el plan de estudios, coño!!.
- Bueno, pues yo aprendo.
- Mira, me parece muy bien que te compres una máquina de coser. Eres muy libre. Pero me podías haber comprado lo que te había pedido.
- Pues no sé porqué tenía que hacerlo yo. Puedes ir tú al Carrefour, por ejemplo, y comprarlo allí.
- Joer. Porque me habías dicho que lo harías y has estado allí. Hay que tener mala leche. Como no era tu idea, no compras lo que te he pedido.
- Que se me ha olvidado. Y además te he comprado un regalo y a lo mejor ya no te lo doy.
- ¿Un regalo? ¿Qué regalo?
- Unas tijeras para coser.
- ¡¡La madre que te parió, guapo!!
Por la tarde la tensión se cortaba en el ambiente y tuvimos la mundial. Hasta tal extremo que el más cuerdo de toda la reunión fue mi hijo de cinco años que, muy atinadamente, me mandó castigada a mi habitación durante 40 minutos porque había llegado a la cantidad exacta de cinco palabrotas. Cuando salí de nuevo al salón susurré a Pau amenazadoramente – Mañana irás a Dolmen, la tienda en donde se abastece de material escolar el cole, que te pilla de camino a la vuelta, y allí comprarás autoadhesivo de impresora para tela negra, airon fix, gómets de estrellas doradas y preguntarás si tienen rotuladores dorados para tela.
Pau me escuchaba mientras practicaba con la máquina de coser, que sí tenía pedal y menos posibilidades que las de mi madre – Vale. Pero esto es superfácil, en lugar de poner corchetes en los lados, podemos coserlos y dejar solo el hueco para las mangas.
A la tarde siguiente volvió Pau con su compra – No me regañes. No tenían papel autoadhesivo para tela negra y el airon fix se me ha olvidado peeeerooooo te traigo cientos de gómets de estrellitas doradas y un rotulador dorado para tela. Sin embargo no le tengo mucha fe a estos rotuladores, me parece que se calan en la tela y no se va a ver.
- Jo. Es que las estrellitas son muy pequeñas y Teresa nos enseñó unas estrellas grandes…
- Mira. Es imposible que vayan a ir todos iguales. Esto es lo que hay.
- Vale – dije yo mientras probaba de todas maneras el rotulador dorado sobre la tela - ¡¡Pero Pau!! Si el rotu va fenomenal ¡¡Mira qué bonitas quedan!!
Me pasé las siguientes tardes pintando las estrellas en el disfraz y al final quedó muy mono. Incluso aprendí a utilizar la máquina y un lado del disfraz lo cosí yo y el otro lado Pau. Estábamos ya tan felices el día antes del carnaval y a las siete de la tarde recibí una llamada telefónica:
- Hooooooola. ¿Señora Looooooolaaaaa? Soy Laura, la cuidadora de Nuno.
- Hola, Laura ¿qué tal?
- Pues mire, que quería preguntarle donde había comprado la tela para el disfraaaaaz.
- ¿No tienes aun la tela del disfraz? – No daba crédito – Pues en una tienda de Usera, tengo su dirección por aquí…
- Aaaaayyyyy, pero si no es en el barrio no puedo ir, porque yo salgo a las ocho y para esa hora ya habrán cerraaaadoooo.
- Pues sí, a esa hora habrán cerrado – Yo ya comenzaba a estar pelín nerviosa porque Nuno es amiguito de Nico y a las horas que estábamos no tenía disfraz.
- ¿Y los gomets con estrellitas? ¿Donde se cooooooompran?
- En Dolmen, tendrías que coger el metro para ir allí. Pero yo tengo gomets que no utilicé, puedo dártelos.
- ¡Ayyy! Pues muchas gracias, voy a ver como consigo la tela.
- Pero vamos a ver ¿no ibas a hacer tú el disfraz de Nuno?
- No. Yo nooooo. Una amiiiiigaaaaa. Pero la tela que tiene no es como la que han comprado usteeeeedes.
- Pero si no has visto la tela que he comprado yo – bufé. Comprendí que ni tela, ni amiga modistilla, ni nada de nada. Ni disfraz, que era lo peor.
- Mira, me ha sobrado tela de Nico. Si me traes a Nuno se lo hacemos en diez minutos.
- Ayyy, señora Lolaaaaaaaaa, no se preocupe. A las ocho me paso a por los gomets.
Mientras hacía tiempo hasta las ocho cogí la tela que me había sobrado, corté otro disfraz con las medidas de Nico, lo hilvané y lo metí en una bolsa con los gomets dorados. Llamé a Katy, la madre de Nuno:
- Katy ¿estás en casa? ¿tenéis ya la tela para el disfraz?
- ¿Cómo? No, estoy saliendo del trabajo. El disfraz está hecho. El viernes lo estaba terminando una amiga de Laura que ha hecho varios.
- ¿Qué? Si me acaba de llamar Laura para decirme que no tiene la tela ni las estrellas.
- No puede ser. Tiene que haber un malentendido. Ahora te llamo.
No hice ningún movimiento más y a las ocho apareció Laura en mi puerta – Te doy los gómets y el disfraz hilvanado. Solo hay que coserlo con hilo negro.
- Aaaaay, señora Loooooola, me salva usted la vida.
- ¡Diox, no puedo más con este tema! – pensé yo mientras sopesaba los pros y los contras de tirarme a la hoguera con la sardina.
El carnaval al día siguiente fue todo un éxito y el tiempo acompañó. Es cierto que casi me divorcié, sí, pero tener un niño en infantil es lo que tiene… De todas maneras me reafirmo en mi lucha, mucho mejor comprado.
Reconociendo muy a pesar mío que Nico tendría que ir vestido al colegio, a poder ser con unos pantalones cómodos y que no provocasen codazos entre el resto de pantalones de sus compañeritos, tomé una decisión arriesgada, esa misma tarde haríamos una incursión en mi Prenatal preferido sito en la calle Orense. Normalmente nos hacen la ola cuando entramos porque cada vez que vamos nos llevamos de diez a doce kilos de ropa. El niño irá a colegio público, sí, pero yo para los pantalones de franela soy muy mía.
Tenemos unos toalleros que esperan a ser colocados en el baño grande desde hace seis años. Exactamente los años que hace que nos mudamos a nuestra casa actual. Los toalleros están perfectamente colocados y almacenados en sus cajas ocupando espacio debajo del mueble del baño y tienen su vida hecha: mandan a los niños al cole y salen al parque a hablar con las vecinas. Una vida perfectamente predecible.
Hoy era el primer día de cole de Nico después de unas vacaciones inolvidables en las que aprendió a nadar en la playa y se tiró por dos montañas rusas apoteósicas en Disneyland París. Unas vacaciones que hemos enmarcado y ahora viven en la pared de mi salón sacándonos la lengua y poniéndonos los dientes largos. Hemos hecho surco en la tarima flotante.